Banxico cierra el ciclo: la tasa baja a 6.50% y abre una nueva fase de la política monetaria mexicana

Banco de México concluye ciclo de recortes y reduce tasa de interés a 6.50%, su menor nivel desde marzo de 2022 en política monetaria.


La decisión se anticipaba, pero su lectura resulta más interesante que el movimiento mismo. La Junta de Gobierno del Banco de México determinó este jueves 7 de mayo reducir la Tasa de Interés Interbancaria a un día en 25 puntos base, ubicándola en 6.50 por ciento con efectos a partir del 8 de mayo. Con este ajuste, el banco central mexicano dio por concluido el ciclo de flexibilización monetaria iniciado en marzo de 2024, marcando un punto de inflexión en la conducción de la política monetaria nacional.

La tasa alcanza así su nivel más bajo desde marzo de 2022, después de un proceso acumulado de 15 recortes consecutivos que en su conjunto sumaron una reducción de 450 puntos base, partiendo del máximo histórico de 11.25 por ciento alcanzado en 2024. La trayectoria descendente, sostenida durante poco más de dos años, refleja la lectura institucional de que el panorama inflacionario admite ya una postura monetaria menos restrictiva.

Una junta dividida


La votación fue ajustada y reveladora. La decisión se aprobó por mayoría de tres votos contra dos, con la gobernadora Victoria Rodríguez Ceja y los subgobernadores José Gabriel Cuadra García y Omar Mejía Castelazo respaldando el ajuste a la baja. En sentido contrario, los subgobernadores Galia Borja Gómez y Jonathan Heath votaron por mantener la tasa sin cambios en 6.75 por ciento, posicionándose como voces disidentes preocupadas por los riesgos inflacionarios persistentes.

La división interna no es anecdótica. Indica que dentro del propio órgano colegiado conviven dos lecturas distintas sobre el momento óptimo para concluir la flexibilización: una que prioriza el estímulo a la actividad económica frente a la contracción reciente, y otra que enfatiza la prudencia ante un entorno inflacionario aún sujeto a presiones. El resultado, tres a dos, sugiere que el cierre del ciclo se decidió en un margen estrecho.

El telón de fondo macroeconómico


El comunicado del banco central reconoció con claridad la fragilidad del momento. Durante el primer trimestre de 2026, la actividad económica mexicana registró una contracción, lo que obligó a Banxico a anticipar un mayor grado de holgura económica que el previamente proyectado. La institución también identificó la persistencia de riesgos importantes a la baja para el crecimiento, un lenguaje técnico que en términos prácticos sugiere preocupación por la dinámica de la actividad productiva.

La inflación, por su parte, sigue una trayectoria que el banco central considera compatible con su mandato. La inflación general anual descendió a 4.45 por ciento en abril, mientras que la subyacente se ubicó en 4.26 por ciento. Banxico proyecta que la inflación general cerrará 2026 en torno al 3.8 por ciento y mantiene la expectativa de convergencia hacia su meta del 3 por ciento durante el segundo trimestre de 2027.

El contexto internacional


La decisión mexicana se inscribe en un escenario global de divergencia monetaria. La Reserva Federal de Estados Unidos optó por mantener sin cambios la tasa de fondos federales en su reunión de abril, lo que estrecha el diferencial de tasas entre ambos bancos centrales y, en teoría, debilita uno de los anclajes tradicionales del peso mexicano frente al dólar. La depreciación del dólar y la volatilidad mixta de los mercados financieros internacionales completan el cuadro.

Banxico ponderó estos elementos junto con el nivel del tipo de cambio y el grado de restricción monetaria acumulado para concluir que el espacio para un último ajuste estaba justificado, aunque la votación dividida muestra que ese juicio no fue unánime. La pregunta inmediata es cuánto tiempo logrará el banco central sostener la tasa en su nivel actual sin verse forzado a reaccionar a presiones externas o internas.

La pausa que viene


El propio comunicado fue explícito sobre la siguiente fase: la Junta de Gobierno considera apropiado mantener la tasa de referencia en su nivel actual hacia adelante. La señal apunta a una pausa prolongada que se proyecta hasta finales de 2026, salvo que las condiciones macroeconómicas y financieras impongan un ajuste no previsto. Es, en términos de comunicación monetaria, una declaración de estabilidad calculada.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo celebró la decisión durante su conferencia matutina del mismo jueves, al señalar que la reducción de tasas favorece directamente la reactivación de la inversión y el dinamismo económico. Su lectura coincide con la postura mayoritaria de la Junta: tasas más bajas funcionan como herramienta para abaratar el crédito, estimular el consumo y respaldar la inversión productiva en un contexto donde el crecimiento ha mostrado señales de fatiga.

Lo que está realmente en juego


El cierre del ciclo de recortes coloca a Banxico en una posición delicada. Por un lado, ha entregado a la economía mexicana el estímulo monetario que las condiciones permitían; por otro, deberá sostener una tasa terminal en un entorno donde los riesgos no son menores. La inflación subyacente, los efectos de la política comercial estadounidense, la volatilidad cambiaria y la propia debilidad de la actividad doméstica configuran un mapa de riesgos que exigirá monitoreo permanente.

Para el sector financiero, la decisión consolida un escenario de tasas más bajas que probablemente impulse al mercado crediticio y favorezca el desempeño de los activos de renta variable. Para la economía real, la pregunta es si la reducción acumulada de 450 puntos base será suficiente para reanimar una actividad económica que entró en contracción en el primer trimestre del año. La respuesta se conocerá en los próximos trimestres y definirá si el cierre del ciclo fue oportuno o prematuro.